UNA REFLEXION SOBRE LA "ENVIDIA"

Cuenta una fábula que en cierta ocasión, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía muy rápido y llena de miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir en su intento de alcanzarla.
La luciérnaga pudo huir durante el primer día, pero la serpiente no desistía, dos días y nada, al tercer día ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo su agitado vuelo y le dijo a la serpiente: 

-¿Puedo hacerte tres preguntas? 
- No acostumbro conceder deseos a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar, respondió la serpiente. 
- Entonces dime: 
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? 
- ¡No!, contestó la serpiente. 
- ¿Yo te hice algún mal? - ¡No!
- Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo? 
- ¡Porque no soporto verte brillar!, fue la última respuesta de la serpiente. 

Muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos: 

-¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo?

Sencillo... porque hay alguna gente que no soporta verte brillar.

La persona envidiosa no suele reconocer su envidia. Se resiste a hacerlo y no hay nada que mas le hiera y descalifique que intentar hacerle ver que la tiene. Hay que tener en cuenta que detrás de la envidia se halla:
-Un sentimiento de inferioridad e inseguridad.
-Una incapacidad de reconocer las limitaciones personales, asociándolas a signos de debilidad.
-Una negación total de que la infelicidad no se debe a lo que no se tiene, sino a la falta de aprecio de lo que sí se posee.
-Una falta de compromiso y responsabilidad con la propia vida. Pendiente de la vida de otros, no se asume la propia.

Es difícil descubrir al envidioso pues a veces se esconde a través de una apariencia amable, acogedora y simpática y otras se camufla en conductas de excesivo respeto, o excesiva admiración, el envidioso se "alegra de los fracasos ajenos", "sufre con los éxitos ajenos", pero desaprovecha tanta energía que no es capaz de alcanzar sus propios objetivos.
Considera que los demás consiguen las cosas con facilidad y sin esfuerzo, no es una persona generosa, si triunfa nunca se siente satisfecho, este sentimiento es muy perjudicial para quien lo siente y "muy peligroso para la persona envidiada".

Carlos Ruiz Safón en su libro “El juego del ángel”, la describe así: La envidia es la religión de los mediocres. Los reconforta, responde a las inquietudes que los roen por dentro y, en último término, les pudre el alma y les permite justificar su mezquindad y su codicia hasta creer que son virtudes y que las puertas del cielo sólo se abrirán para los infelices como ellos, que pasan por la vida sin dejar más huella que sus traperos intentos de hacer de menos a los demás y de excluir, y a ser posible destruir, a quienes, por el mero hecho de existir y de ser quienes son, ponen en evidencia su pobreza de espíritu, mente y redaños. Bienaventurado aquel al que ladran los cretinos, porque su alma nunca les pertenecerá.


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